Fue horrible. El profesor decía “soy totalmente…” y todos contestábamos al unísono la cadena de tiendas. Nos decía “just do it” y venía a nuestra mente la marca deportiva; “a que no puedes comer sólo una” y ya podíamos saborear las papitas de la bolsa amarilla.
Me impresionó como bastaba con escuchar algunas palabras para que vinieran a nuestra mente marcas. Procedió a mostrarnos logos y pasó lo mismo. Era extraño ver que una “M” aunque fuera en blanco y negro nos remontaba a tiempos felices jugando en una cadena de hamburguesas, que una “S” roja en un pentágono azul nos recordaba a un súper héroe.
Fue cuando me di cuenta de que nuestra mente está invadida. Toda mi vida creí que mis pensamientos eran míos, creí que decidía lo que compraba en base a mis preferencias, que tenía miles de opciones de compra. Admito que una parte de mí se sentía acosada por los medios pero no pensé que el impacto fuera tanto. Creí tener la autonomía para decidir lo que pensaba, decía, compraba o vestía. Me consideraba una especie de “rebelde del sistema” y no me di cuenta que me estaba convirtiendo en un producto.
Estamos vestidos con marcas de pies a cabeza y las exhibimos como si fueramos espectaculares ambulantes. Algunos caminamos con letras enormes sobre la sudadera cuando antes la marca sólo se veía en la etiqueta y era bastante indiscreción andar leyendo etiquetas ajenas. Si diambulamos por el campus con un café, más nos vale que se note que nos salió cara el agua con polvito. Si compramos unos jeans es mejor que esten rotos y sean de marca, que sean iguales que cualquier otro pero que cuesten el triple.
Quizá podríamos culpar a los medios por enajenarnos, o podríamos darnos cuenta de que buscamos estatus, personalidad o pertenencia y que lo hacemos en objetos comunes. Seamos realistas, el vestir de pies a cabeza con la marca de la palomita no te hace deportista, usar un lapiz labial del secreto de una tal Victoria no nos hace más sensuales, y definitivamente traer un café de esos de la sirenita verde no nos hace más ricos, al contrario, nos empobrece porque sale muy caro.
En fin, sólo pasaba por aquí, por el rincón del debraye…
Posted: August 18th, 2009 under Rincón del Debraye.
Comments: 1