El simple hecho de hablar de una utopía ya resulta una provocación, cuanto más si hablamos de una utopía ética y además agregamos a esto el periodismo.
Resumen de la conferencia Dr. Javier Darío Restrepo Quinto Encuentro de Ética y sociedad, Tecnológico de Monterrey.
En esta ocasión hablaré del caso del periodismo, pues bien se dice que los periodistas no saben hablar de otra cosa que no sea de su profesión. Al terminar este discurso tengo la idea más ambiciosa posible a alcanzar, dejarles a examinar propuestas para confrontar la realidad y hacerse dos preguntas importantes. La primera es saber de ustedes mismo si en verdad pueden aspirar a lo que se plantea y la segunda, la medida en que correspondemos a ésta utopía ética.
El término de utopía puede tener distintos colores, hace algunos años hablar de marcianos que alguna vez pudieron estar vivos, era una utopía. O qué ocurrió con aquel navegante genovés que deseaba encontrar una ruta distinta a las Indias, o la ida de que el hombre llegaría a pisar la Luna. Todos ellos alguna vez fueron principios utópicos.
Al hablar de Utopía ética, podemos brindarle dos connotaciones; una positiva y otra negativa. La negativa se refiere a la pesimista. Aquella en la que es utópico hablar de ética a periodistas que reciben malos sueldos. Un periodista con problemas económicos, o condenado a ser repartidor y vendedor al mismo tiempo que reportero, está condenado a ser un héroe y a nadie se le puede exigir eso de una forma cotidiana.
Hablamos de utopía ética cuando pretendemos una política ética en el periodismo en la que los grandes empresarios manejan las formas y los espacios políticos en el ejercicio real de los mismos. En este punto, el periodista no puede elegir, pues debe ajustarse al candidato en turno si quiere continuar teniendo empleo. Llamamos también utopía al reclamo del gobierno en turno de su parte por la prestación económica con el presupuesto oficial del gobierno pues evidentemente está en primer orden la salud económica.
Tenemos una utopía cuando el deber verdadero hacia los lectores se pone en tela de juicio por la publicidad. Esa gran industria de las verdades a medias, mientras que el periodismo debería ser el reino de las verdades completas, esa es nuestra utopía. Cómo ir en contra de los intereses comerciales de la publicidad, una vez más el compromisote la verdad se vuelve una utopía.
La ética pide a un periodista, fuentes diversas para verificar la información que tiene de los que publicará, pero el tiempo no es suficiente para investigar, hay que sacar la nota al día. Esa ética que te dice que te debes a la verdad se ve callada entonces por el tono imperativo de la amenaza: “Callas o mueres”. Esa es nuestra utopía ética.
Cómo investigar si las principales fuentes oficiales apuntan a ello, las agencias informativas lo tienen y es preciso publicar la nota. Entonces el periodista concluye que la distancia entre lo que crees y lo que debes hacer es muy grande. “En mis circunstancias y con mis recursos…”.
Evidentemente encontramos una gran utopía ética si mezclamos que posiblemente las fuentes de la información sean malas, cuando se trabaja en un ambiente sin cambio ni posibilidades de superación y se tiene la presión del tiempo para publicar lo que viene, esa es nuestra utopía ética.
Por otra parte, como no quiero desanimarlos ni mucho meno, veamos la visión positiva, aquella en la que ser periodista es estar convencido del poder que se tiene. No obtenido por la fuerza, por imposición ni mucho menos, sino el poder de influenciar en la conciencia individual y colectiva y estar presentes en la toma de decisiones.
El periodista crea una forma de ver los hechos, tenemos la oportunidad de cambiar algo todos los días, “Registramos los hechos para cambiar la historia” diría Gabriel García Márquez. Pero esto sólo se puede lograr una vez que se superan las réplicas noticieras de boletines y notas al por mayor. Logrado esto se obtiene una visión más grande de todo, con el análisis implicado de lo mismo.
Existe también la utopía obligatoria, que nos exige estudiar e informarnos más si queremos responder a todas la s exigencias de los tiempos. No es una carrera fácil por aquello de que no llevamos matemáticas, ni tampoco es una carrera que te hace famoso y te deja mucho dinero. Se trata de convertir simples relatos en palabras que formen parte del conocimiento.
Es muy distintos hacer de la s palabras hechos que de los hechos palabras. Es el arte de convertir a todo lector en testigo de hechos donde no estuvo ni en espacio ni en tiempo. No se trata de contar solo por contar, se trata de aportar materia prima a la libertas, ya que el hombre se vuelve libre a partir del conocimiento de su propia realidad. Nunca es suficiente con ver publicado nuestro trabajo, esperamos que cada lector lo haga suyo. Nuestra utopía es formar una base sólida para la libertad.
Todos mienten, y muchos tantos más desean deshacerse de la verdad por que les resulta inconveniente o incómoda. Sin embargo, nuestro principal objetivo es uno: Decir la verdad, nada más y toda. No siempre se abren los obstáculos que se presentan en el camino, pero día a día el periodista se levanta a trabajar con el fin de obtener la verdad de algo y difundirla. Esa es nuestra utopía. Es la razón de ser de nuestra profesión. Dicho objetivo ha dejado muchos muertos y unos cuantos desaparecidos, pero cuando aquellos que desean callarlo creen que han puesto un punto final, no se dan cuenta que en realidad es un punto y aparte.
También podemos encontrar la utopía de la inmortalidad, esa que vemos a diario en pirámides, monumentos, homenajes o placas; Es la que estimula al periodista la nota, el personaje, la entrevista o la crónica. Para sobrevivir un poco al tiempo. Existen dos clases muy grandes de utopía, las que nos sirven de excusa y nos dan vocación y aquella que nos llama a estar por encima de nosotros mismos, a ser los mejores. Nos formamos a imagen y semejanza de nuestras utopías para poder avanzar, los mejores, son los menos satisfechos con lo que hacen, pues saben de antemano que simples podrán hacerlo mejor.
No obstante, la utopía por definición puede ser simplemente el lugar que no existe, el vacío definitivo o el sitio que debe ser construido.
Posted: February 6th, 2009 under Formación Social, General, Humanidades, Visitantes distinguidos.
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